Cambio de Enfoque

Clama a mí, y yo te responderé, y te enseñaré cosas grandes y ocultas que tú no conoces                                                      
 -Jeremías 33:3


Al principio parecía la turbulencia normal que se siente a la salida o llegada de ciertas ciudades de Arizona por aire. Pero ésta vez no fue así, porque en lugar de desaparecer a los pocos minutos después del despegue, los movimientos agresivos del avión en pleno vuelo nos hicieron sospechar que algo andaba mal con el aparato. Acto seguido, el Capitán nos dio instrucciones de no quitarnos el cinturón de seguridad, de no levantarnos de nuestro lugar a menos que fuera de gran necesidad y mantener recto el respaldo del asiento. Todos obedecimos incluyendo las aeromozas. Y salvo uno que otro grito lanzado por algún pasajero mas asustado de lo normal, dentro del avión lo único que se dejaba sentir era el sofocante silencio de la tensión.

Mis ojos permanecían cerrados con fuerza y mientras mis mandíbulas permanecían  apretadas, mis uñas se enterraban en el descanso de los antebrazos.  Al igual que muchos otros, todo mi cuerpo estaba en gran estrés. Trate de mantener mi respiración a un ritmo tranquilo, pero al sentirme atrapada en el peligro, me fue muy difícil conseguirlo. Oré  una y otra vez sin sentir la paz que deseaba. El miedo me estaba haciendo su presa. Sin embargo, en mi diálogo interno con Dios, algo disparó un Cambio de Enfoque, de tal manera que platicando con Él le dije: Señor, aquí hay sólo dos Puertos a los que puedo llegar: al de la ciudad de San Diego,  o a Tu Reino. En el primero me esperan mi marido, mis hijos, mi familia y mis amigos... En el Tuyo me esperas principalmente Tú, y quizá se llegó la hora de volver a ver a mis padres. Cualquiera de las dos alternativas es para darme gozo. Paso seguido, me concentré y enfoqué mi atención en Agradecer a Dios por Quién Él era, y me di a la tarea de enumerar todas las bendiciones que pude recordar que hasta la fecha, me había otorgado.

A medida que fui ejercitando el Agradecimiento y mi mirada fue puesta en Él, se inició una interesante transformación en mi interior. Me percaté de ello porque me descubrí sonriendo mientras el avión se sacudía fuerte y de manera agresiva. Eso, jamás lo hubiera hecho si no fuera por la serenidad que se estaba gestando dentro de mí.

 

En eso estaba, disfrutando de las buenas memorias, cuando la voz del Capitán nos indicó que tendríamos que sobre volar San Diego porque la acumulación del tráfico aéreo no nos permitía aterrizar. Así es que por cerca de una hora recorrimos los cielos de Rancho Bernardo, Escondido, Carlsbad, La Jolla, Del Mar, etc. Entre más se zarandeaba el avión, más exaltaba yo el nombre de Dios  y más engrandecía Sus obras y maravillas en mi vida y en la de todos los que amo. Me concreté en darle honra por cada promesa escrita en Su Palabra y por cada una de ellas cumplida en mi vida. También aún,  por todas las que se encontraban activas y en proceso de convertirse en una “misión cumplida” en la vida de mis amados y de todos quienes escuchan y practican Su Palabra. Me mantuve firme en expresarle a Dios mi gratitud por todo lo que en esos momentos me vino a la mente y lo que se me pudo ocurrir. Lo más excepcional es que cuando menos pensé, yo estaba tan profundamente sumergida en Su amor, que Su paz invadió cada célula de mi ser. Mi respiración se tranquilizó, y experimenté una confianza y una tranquilidad que jamás había sentido  en momentos de tanto peligro. Fue entonces cuando me percaté que mientras me ocupada de alabar a Dios, Él me había refugiado totalmente en Su Amor. De tal forma que sin proponérmelo, me encontraba digamos que, flotando en el mar de Su corazón. Y para mi sorpresa, se había esfumado el miedo que antes me paralizaba. Sé que puede parecer increíble. Incluso, resultar insólito pero Dios es mi testigo que estoy hablando verdad: ni un mínimo rasgo de temor tenía cabida en mí en esos momentos. Me encontraba tan plena y tan tranquila, y llena de confianza, que en un segundo, comprendí de forma muy clara y muy cierta el pacto del que nos habló el apóstol Pablo en su carta a los Romanos 8:31: "Si Dios conmigo, ¿quién en contra mía?"

 

Ya para entonces, pasara lo que pasara era lo de menos porque me sentía plena. No me hacía falta nada. La confianza en la que me encontraba aún me parece difícil de describir. Es más, me atrevo a asegurar que hasta el día de hoy, no la termino de comprender del todo, pero eso es lo de menos. Sé que lo que viví fue real y provino de un Dios fiel y verdadero y eso me basta.

 

Con ésta experiencia reforcé lo aprendido anteriormente bajo otras condiciones y en diferentes escenarios. El temor y el miedo sólo pueden ser vencidos cuando uno se ha rendido de manera total, al Perfecto Amor. Porque en el Perfecto Amor No Hay temor.
 1 Juan 4:1-18

 

He pasado por circunstancias muy serias muchas veces en mi vida y no se los voy a negar, he sucumbido ante el miedo y después no me ha sido fácil salir a flote. Sin embargo también está la otra cara: He tenido vivencias que pareciera que me tragarían viva: la muerte de mis padres, crisis financieras gigantescas, enfermedades, situaciones difíciles con los hijos y con la salud de mi marido entre tantas otras. Y cada vez he aprendido lo poderoso que es hacer del Agradecimiento, la Alabanza, la Adoración y el Reconocimiento a Dios, una forma de Vida. Cuando Dios promete en Deuteronomio 31:8 "No te dejare ni te desamparare", Él lo ampara con hechos, es innegable. Sin duda, nuestra alma, que es el lugar donde residen nuestras emociones y nuestra voluntad, se apega a Él, y Su mano derecha nos sostiene con su poder (Salmo 63:8)

 

Si deseamos triunfar sobre el miedo que nos provocan los problemas y los acontecimientos que casi siempre se encuentran fuera de nuestro control, lo mejor e indispensable es disciplinarnos para forzarnos a vivir sumergidos en el Amor de Dios. Eso nos ayuda a no darle a lo que suceda alrededor nuestro, más importancia de la que para Dios merece. Aprendamos a ser selectivos al pelear por nuestras batallas. Para triunfar sobre ellas, es imperante optar siempre por calibrarnos con el pensamiento de Dios. La Clave aquí es  ser diligentes al  "Buscar primeramente Su reino y Su justicia, y todo lo demás nos vendrá por añadidura"... Mateo 6:36

 

Cuando nosotros reposamos nuestra mirada en Él,  Jesús, nos ve fijamente a los ojos y nos dice: Porque no te has afanado, sino que has escogido la mejor parte, esa que te es necesaria,  esa, nunca te será quitada. (Lucas 10:38-42)

 

Conclusión.

Es obvio que aterrice en el hermoso Puerto de San Diego, Ca. Y lo mejor que puedo contar fue la sorpresa que se llevó mi marido cuando al llegar a la sala de espera del aeropuerto, me vio correr hacia él y abrazarlo,  mientras ¡me lo comía a besos! ¿Lo que sucedió después? Esas fueron las añadiduras que se disfrutan en la intimidad del matrimonio y a puerta cerrada... 

Podrías Platicarme ¿qué situación difícil has tenido que enfrentar aun a pesar del temor y cómo fue que Dios te ha sacado de ahí? Me va a dar mucho gusto leerlo y poder aprender de tu testimonio…